Yesca (2023) - Se les avisó

Yesca (2023) - Se les avisó

Fotografías y textos por: Cynthia Benítez y Natalia Castrejón.

Cosa sumamente seca, y por consiguiente dispuesta a encenderte o abrasarse. Incentivo de cualquier pasión o afecto.
Fuente: Diccionario de la Lengua Española.
Fotografía: Metro Mixcoac, Alcaldía Benito Juárez, CDMX.

Se les avisó

Los murmullos acalorados de los vecinos pararon cuando aquel sonido pavoroso anunció que la tierra se estaba zangoloteando. Fue tal el movimiento que dejó inhabitable el condominio, excepto para Fulgencio, el autor del temblor.

Él lo había anunciado, pero ninguno de sus vecinos le creyó. Amenazó en más de una ocasión que se aguantaran, que no se metieran con él, porque entonces lo provocarían y haría que los cimientos tronaran. No hicieron caso.

Sus vecinos no soportan nada. Fulgencio, dueño del departamento 101, los tachaba de exagerados por quejarse de los humos herbales permanentes que emanaban de su espacio; de los gatos y gallos desangrados que se acumulaban en el cuarto de la basura; además, osaban pedirle que le bajara el volumen a sus cánticos brujiles. 

Ya les había explicado, incontables veces, que sus labores requerían algunos sacrificios, pero los hacía con cariño y, sobre todo, que eran indoloros para las bestias. Sin embargo, no entraban en razón, se ponían como yesca: esperaban el primer chispazo para provocar un alboroto.

El santero repetía en sus adentros una y otra vez para tranquilizarse: “Tan decadente está el mundo que no hay empatía con maestros como yo. La envidia les corroe, seguro es eso”. Y es que sí algo era seguro era la eficacia de sus métodos; en todos los trabajos consiguió abundancia monetaria y amor desbordante para sus fieles. 

Pese a que Fulgencio hizo su mejor esfuerzo para sobrellevar a los chismosos que se asomaban por la ventana, se atrevieron a confrontarlo y asustaron a su clientela. Lo que colmó la paciencia del viejo cascarrabias fue que ahuyentaron a su cliente estrella; habían sobrepasado los límites.

Por ello, esa noche, el brujo se aventuró a plasmar en la fachada principal un eficiente conjuro que rezó: “Malditos por los siglos de los siglos, Amén”. Minutos después, el siniestro comenzó a derrumbar la mayoría de los departamentos. Desde entonces ha mantenido alejados a los exhabitantes de calle Premonición #333. A veces hay que tomar medidas drásticas para que aprendan a respetar el trabajo honesto de la gente que sí quiere salir adelante.

 

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